viernes, septiembre 08, 2017

Alma y mi crónica temblorosa

Fotografía: Graciela Barrera
Ayer jueves, observé el cielo desde mi escuela. Siempre lo hago. Ningún día es igual. Pensé en el acercamiento del huracán. Este pueblo que habito, siempre está lleno de lluvia.  Lluvia y lluvia es el acompañamiento al canto de los jóvenes que revolotean por las tardes en la escuela.

Llegué a casa satisfecha por la tarde vivida. Por otro aprendizaje más. Y porque me alegra que mis compañeros de aula y yo, hemos tenido conversaciones de reflexión y análisis con nuestras materias en común. Les compartí la canción “Hoy puede ser un gran día” y finalicé diciéndoles que pensaran en sus vidas: cómo querían transformarlas; cómo ejercer entre la adversidad; como disfrutar cada día; cómo mirar el cielo. Y un sinfín de preguntas retóricas.

Mientras me preparaba para dormir, semiacostada con Alma, mi perra que ya no es callejera, pensé en el triángulo amoroso de los huracanes, pensé en tanta catástrofe, pensé en aquellos que le echan la culpa de todo a Dios y tuve otros pensamientos. Enseguida le pregunté a Luis que si podría haber un temblor entre tanta lluvia. Simplemente pregunté.

Cómo iba a yo saber que una hora después, mi cama temblaba. Creí que Alma era la que se movía. Pero, no. La intensidad del movimiento aumentó. Escuché el ruido de la silla. Y creí que un monstruo estaba debajo de mi cama. Sí, cómo lo leen. ¡Un monstruo! Qué cabeza tan loca tengo yo.

Me levanté y me quedé en la puerta de la recamara. Empecé a marearme y clamé a Dios. Los dos minutos que duró el sismo para mi fueron una eternidad. No dejé de clamar a Dios.

No pensé en la muerte. No tenía miedo. Solamente estaba impactada por tal suceso. Ahora que escribo esta sensación puedo compararla cuando recibí mi diagnóstico oncológico. Desde hace dos años, no sentía este aturdimiento.

Mi mareo duró horas, seguramente por la hipertensión que sobrellevo. No lo sé. Repito: no tenía miedo. Fue pensar en mis jóvenes: ¿alguno de ellos estará recordando nuestras charlas y será fuerte? Y fue pensar en mi hija, en mi madre, en mi familia, en mis amigos, en mis compañeros de trabajo y en el mundo que nos aflige. Un sismo de 8.4 con exceso de lluvia tiene su gracia.

México y sus cincuenta millones de habitantes que experimentaron este sismo tendrán su propia historia. No la olvidarán. Porque todavía nos persigue el año 1985. Y porque estamos vulnerables a todo lo que sucede en nuestro entorno. Entonces, yo recuerdo esa declaración potente en el Dios que creo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad; yo he vencido al mundo". Seguiré clamando a Dios por todos los que están padeciendo.

Mientras el sismo estaba en acción, Alma siguió dormida. No se inmutó. No despertó. Estuvo plácidamente dormida. 

Alma, tiene un alma estable. Yo también quiero ser como ella.


viernes, agosto 25, 2017

Doce años

Imagen de Henn Kim

a Rubén Sosa por preguntarme dónde lee mi alfabeto
 y a JoséRomero y a Luis David por insistir en mis manos.


Desde niña me gustó escribir y lo hice por mucho tiempo. Era una niña de cabello largo con trenzas. Siempre escribí hasta que una excompañera de la universidad me dijo que yo escribía porquerías. Supongo que los ingenuos le creemos todo los que nos dicen a los que consideramos verdaderos amigos. Así que yo le creí y dejé el juego de la escritura durante 20 años.

Hace 16 años, escribí una carta a un niño que nació. La madre, amiga tan mía, al leer la carta descubrió lo que había en mis manos. Pero no hice caso. Y seguí con el juego de las hojas en blanco.

Hace doce años, un escritor insistió en conocerme y me obligó a abrir este blog. A él le debo este mundo. Mundo en que dejó de ser virtual para transformarse en real. Me llevó a nuevos caminos y pude constatar que mi voz y mis letras eran reales. Después, regresé a la extensión de las nuevas redes. No sé si soy necia en permanecer en esta casa que de repente abandono por estar con la brevedad de los muros efímeros.

Posteriormente, llegó gente importante que no olvido y estoy sumamente agradecida porque no han dejado de creer en mi cuaderno. Por toda esa gente que ha permanecido a mi lado, por la que ha llegado y por la que se ha ido. Por sus ánimos: ¡Gracias!

Y cuando estoy por quemar mi barquito de papel, alguien me conoce y yo vuelvo a resucitar y a desear continuar en el camino de la imaginación.

Me queda claro que mis manos han enloquecido y que por más que quiero detenerlas, es imposible. Yo escribo las 24 horas de cada día y todas las letras se las lleva la lluvia del pueblo que habito.

Mientras tanto, yo celebro doce años por la misma razón: Escribo para contarme la vida.


jueves, agosto 03, 2017

Jueves de Verano

Imagen de Henn Kim
Verano del 3 de agosto
Hace mil y una noche, era jueves.
Y escribo:
Gracias a Dios por enseñarme a contar mis días y darme un corazón de búsqueda y curiosidad para tener plenitud.
Gracias a mi madre por encapricharse y desgarrar su vientre para nombrarme.
Gracias a mi familia porque no me permitieron elegirlos, pero me tocó tenerlos para recordar quién fui y quién soy. Gracias por cada uno de ellos. ¡Gracias!
Gracias a mis amigos que me han entregado su corazón y me han hecho vivir de mil maneras.
Gracias por las palabras de ustedes que me reinventan y me hacen volar.
Gracias a mis pastores que con su vara me infunden aliento.
Gracias a mi Sherezade que no ha permitido que me aburra por vivir y me alimenta de conversaciones para que yo aprenda y crezca.
Gracias a mi Bella Genio por impulsarme a vivir.
Gracias al mar que me reta a controlar mi vulnerabilidad; gracias a la montaña que me invita a continuar el camino; gracias al cielo que me llena de su gracia; gracias a los árboles, al viento, a las flores y a todos los perros que me provocan la mayor imaginación y alegría. Gracias al cine, a la literatura y a todo el arte que me han cambiado la mirada. Gracias a todas mis hojas blancas que me esperan para contarme la vida.
Gracias a la vida por todos los sucesos maravillosos y adversos que he vivido.
Otra vez, otra vez, sí, otra vez, felizmente, cumplo otro año de vida siendo jueves.
¡Salud!



martes, agosto 01, 2017

Confieso

Pintura de Salvador Dalí

Confieso que he vivido entre la adversidad y la fortuna.

Confieso que a veces despierto sin ganas de nada, pero me levanto y pienso que despertar es volver a nacer.

Confieso que detesto la adicción a la tristeza. No puedo gastar tiempo  en sentirme víctima por lo que me tocó vivir o lo que desearía vivir. 

Confieso que disfruto el presente a lo máximo, dejando atrás el doloroso pasado y caminando hacia un futuro glorioso.

Confieso que me gusta escribir para sentirme con vida.

Confieso que sin Dios no soy nada y por su Palabra tengo vida.


viernes, julio 21, 2017

Latido

Imagen de Henn Kim
De todo lo maravilloso que ha sucedido en mi vida, sería obvio decir que lo mejor fue tener una hija y haber abrazado a Caetano Veloso. Pero, ¿cómo anular todos los recuerdos inolvidables? ¿Cuándo subrayar los días felices en la bicicleta o los días solitarios junto al mar o los días de locura? ¿En qué libreta guardo las conversaciones y risas con los amigos? ¿En qué momento nombro al amor? ¿Escribo mis sueños recurrentes? ¿A quién le entrego mis anhelos? ¿A dónde dejo tantos años acumulados de memoria? ¿Y los momentos no escritos por preservar la intimidad? ¿Y qué decir de la adversidad?

¿Qué es lo mejor que he hecho en mi vida? ¿Qué es lo mejor que me ha sucedido en mi vida?

Pienso detenidamente. No es fácil responder. Porque a lo largo de la vida, uno elige. A veces con certeza y otras con dudas. Atinamos o erramos. Y cuando no tenemos que elegir, los sucesos llegan sin esperarlos.

Miro por la ventana y contemplo todo el esplendor de la naturaleza. Cada hoja me sorprende. Un pájaro posa con su tímido canto. Nada es igual.

La lluvia me indica que lo mejor que he hecho fue adoptar a Alma, la perrita callejera que vino a entregarme el paraíso de la alegría, ternura y compañerismo. Quizá la lluvia no olvida todo lo que Alma vivió en la calle. Creo que Alma me salvó. Y yo desearía salvar a todos los perros callejeros. 

El viento, con su soplo suave, me susurra: Lo mejor que te sucedió es que llegó Dios a tu vida, creíste y confiaste en él y ninguna de sus promesas ha vuelto vacía.

Sin perro no hay paraíso


Sin mi Alma no tengo paraíso.

Qué ganas de salvar a todos los perros callejeros.



martes, enero 24, 2017

Lavar, ahora

Imagen de Henn Kim

Y cuando llega una nueva lavadora a casa, hay que estrenarla con su propia alma: lavar todos los lamentos y nacer de nuevo.


sábado, enero 21, 2017

Pienso en los ojos


Pintura de Salvador Dalí

Pienso en todos los que sufrimos de visión. Pienso en todos los lentes que vamos desechando porque vienen otros a suplir la necesidad de nuestros ojos. Pienso en los ojos sobrevivientes a todo lo que miraron y dejaron de mirar. Pienso que, a pesar de la neblina que vemos, sí miramos, porque nos transformamos en seres de observar todos los pequeños detalles. Pienso que la ceguera no nos impide soñar. Pienso en todos los ojos. Pero, sobre todo, pienso en esa pronunciamiento bíblico:
"Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz. Si está lleno de luz, sin rincones oscuros, entonces toda tu vida será radiante, como si un reflector te llenara con su luz"


domingo, enero 01, 2017

Bienvenido 2017

Pintura de Pablo Picasso
Ciertamente es fantástico estar informado de todo lo que acontece en nuestro mundo y no ser ignorantes o vivir en un mundo de fantasía. Muchas veces he intentado dejar de estar informada, pero la carrera que estudié más el ejercicio laboral, no me lo permite. Se llega a cierta edad en que uno se vuelve más reflexivo y crítico y, por supuesto, miedoso ante la crisis o el futuro negro que nos pintan. Sin embargo, siempre recuerdo lo que me enseñaron desde niña: depender de Dios. Y, esto, no es nada fácil, pero tampoco imposible. Y como ya lo he dicho: mis últimos dos años he sido entrenada fuertemente en la escuela de la fe con la mano de Luis David Meneses.

¿Qué me espera en este año nuevo? ¿Seguir quejándome por todo lo que padece este país maravilloso? ¿Crisis? ¿Tener miedo? o ¿Continuar desarrollando mi fe a pesar de los infortunios?

Entre tantas lecturas y pensamientos de escritores que me gustan, opto por mencionar a tres que me han hecho arder el corazón en este inicio de nuevo año:

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré el camino en el desierto, y ríos en la soledad. Isaías

“Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría. En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”. Salomón

“Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta”. Pablo

Creo que el secreto es olvidar el pasado que pesa, estorba y que no permite avanzar y ser libre. No sabemos vivir el presente por estar atados al pasado y esto nos prohíbe contemplar la luz del futuro. Si dejáramos de lamentar o recordar el pasado y comenzar cosas nuevas y aceptar nuevas oportunidades, otro año, lleno de vida, será.

Por lo tanto, en este 2017, a pesar de todas las crisis que existan, a pesar de que sigo combatiendo el miedo ante mi cuerpo y circunstancias laborales, a pesar de todo, estoy segura que seré una vencedora. Simplemente porque Dios prometió seguir sustentándome mientras yo no me convierta en una estatua de sal. Y porque mirar el cielo es de lo mejor que me ha pasado.

Bienvenidos, los que quieran, a mi 2017.



sábado, diciembre 31, 2016

Adiós 2016

Pintura de Marc Chagall

Acuérdate que mi vida es un soplo.
Job

2015 y 2016 han sido mis años más difíciles. (No escribiré cómo terminé ayer y hoy). Dos años de batalla en muchos aspectos, pero decidí mantenerme en la escuela de la fe, porque comprendí que no tenía otra opción para avanzar.

Aprendí que vale la pena esperar en Dios aunque éste no conteste enseguida. En la espera, pude valorar más la vida y, sobre todo, a mirar la gloria del cielo manifestándose en mí.

Tuve días esplendorosos y, los guardé en la memoria, para recordarlos cuando llegan los días de infortunio. Pienso seguir sembrando días radiantes y olvidar lo que queda atrás, ese peso que estorba. Y aunque lleguen tormentas o vientos apacibles, quiero sonreír.

Tengo un millón de razones para conquistar a 2017 y nada me hará perder la fe.

Reciban 2017 abrazos y mi agradecimiento por todo lo que me brindaron.