domingo, agosto 28, 2016

Abrázame muy fuerte

Imagen de Internet

Cuando fui adolescente ya sabía lo que era la carencia del dinero en el hogar. Entonces, para evadir el tema, una tarde encendí la radio y escuché por primera vez: No tengo dinero ni nada que dar….Fue cuando conocí a Juan Gabriel.

No olvidaré la mirada de mi abuelita mientras escuchaba la canción al lado del ropero infantil.

Posteriormente, un día me enamoré y volví a escuchar a Juan Gabriel cantando Siempre en mi mente.

Y el tiempo pasó y él se quedó como un tesoro intocable, nunca se fue de mi vida aunque yo no lo nombrara. No era necesario cuando él permanecía en boca de todos y en todos los lugares. Cuántas veces resultaba un contagio cantar o sonreír.

Ahora, Juan Gabriel me trae el pasado y el presente de este país y, por supuesto, la escena intacta de mi adolescencia en mi solitaria recamara.

Cercanamente puedo escuchar su voz decirme: Por favor, Abrázame muy fuerte.


Movie


Yo debería olvidar las fechas que me causaron dolor, pero, quizá, sean necesarias para ahorrar el tiempo de los recuerdos.

Igual que hoy, hace cinco años, era domingo 28 de agosto. Es la fecha en que Movie se fue a otro cielo. El perro amado que nos entregó demasiada historia. Me atrevo a decir que fue una exagerada y maravillosa historia. 

Ya no lo extraño, ni lo necesito, pero daría mi reino porque volviera conmigo.



miércoles, agosto 17, 2016

Érase una vez, Robert


Érase una vez Robert De Niro que me dejó en el camino de los suspiros.

Todavía no olvido las escenas que me dejó…eso que… esa peculiaridad que tiene el cine: no querer levantarte de la butaca o sentirte que estás ahí, al lado del personaje: cargando el dolor, conduciendo un taxi o siendo un padrino. Sentirte arquitecto y enamorarte en un autobús. Reírte por ser padre o abuelo o ser tan gánster o jugar en un casino. Ser ese corazón de ángel o un toro salvaje. Sentirte analfabeta y aprender a despertar.

Ser demasiado y nunca terminar. Porque yo todavía no termino de ver la filmografía de Robert. Sin embargo, mi boca todavía declara: Érase una vez.


lunes, agosto 15, 2016

Once años

Ilustración: Henn Kim


Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba.
Clarice Lispector

 

Hace once años decidí escribir para contarme la vida. No todo lo he contado ni creo contarlo. Obviamente, mucho de lo que se queda en el tintero se transforma en charla con los amigos y el resto se queda para mí.

Celebro mis once años con la gente que me ha guardado fidelidad. Que ha sobrellevado mis letras. Gente que se transformó en amistades sin fronteras. Gente que dejamos de ser muros para ser puentes. Y, para todos aquellos que pasaron de volada por esta casa, muchas gracias.

Lo cierto es que, tener el valor para sacar mi alfabeto al espacio me ha liberado.

También, lo cierto es que todavía no aprendo a escribir.


domingo, agosto 07, 2016

Caetano, siempre


Tengo un matrimonio novelesco con Caetano Veloso. Demasiada historia que me ha permitido vivir en esta tierra adversa. Cuando hay infortunio o alegría, siempre sale a relucir la voz de Caetano y, otra vez, se recuerda toda la historia. Muchos no olvidan la anécdota del grito emitido por mí y que pudo ocasionarle un ataque al artista. En fin, demasiada historia que ayuda a mantenerme a vivir entre muchas historias con otra gente.

Y este blog guarda la memoria.

Simplemente es Caetano. Y tengo la esperanza de repetir una tercera vez a su lado.

Podría parecer que formo parte de la locura o ridiculez, pero, se llega a cierta edad en que ya no te importa lo predecible que eres en el amor. Ni mostrar tu felicidad al mundo que no te conoce.

¡Feliz cumpleaños, mi Lord!

lunes, agosto 01, 2016

Otra edad

Ilustración: Henn Kim
Tengo otra edad para creer que todo es posible si persevero con fe.
Tengo otra edad para seguir soñando que el mundo no puede ser tan cruel.
Tengo otra edad para reírme de mi cuerpo.
Tengo otra edad para escuchar a la gente con sus pensamientos de algodón.
Tengo otra edad para no tener miedo ante la adversidad.
Tengo otra edad para ser fuerte en mi orfandad.
Tengo otra edad para que no me pesen los cadáveres del pasado.
Tengo otra edad para mirar el presente.
Tengo otra edad para contar los días vividos.
Tengo otra edad para escribir —todavía—.


jueves, julio 28, 2016

Amor

Ilustración: Henn Kim

Escribí la palabra <Amor> y repentinamente una pareja salió de la hoja. Mirarlos me hizo cambiar de idea: no escribiré nada. No quiero que mi tinta ponga punto final a la palabra <Amor>


viernes, julio 22, 2016

Mujer dormida

Pintura: Robert Bereny
La lluvia me trajo mil y una noches para soñar que yo dormía profundamente y contaba cada gota derramada sobre mis ojeras.

Dormí tres horas seguidas y me perdí en un cielo quebrantado y lleno de luz. La lluvia me arrulló con su dulce voz y veló que nada interrumpiera mi sueño. (Los que no duermen bien en sus noches, por varias razones, comprenderán este feliz goteo). Mi ventana, esmeralda de mi jardín, me recordó ser esa bella durmiente que describió García Márquez en un vuelo de avión. Alma, mi perra, suspiró a mi lado. No hubo viento que me mirara. Ni reloj que importara. Dormir libremente, sin ataduras y sin pasado.

La lluvia da valor para escribir y confesar el vuelo caído. Y para amar lo desconocido.

Gracias, Lluvia, por despertar con tu rostro.


miércoles, julio 20, 2016

Melody

Fotograma de la película Melody
La primera película extranjera que vi fue Melody.

Estaba yo en sexto de primaria y la vi en un enorme cine ubicado en una gran alameda donde había flamingos y jarochos por doquier. Me acompañó la mujer que acompañó mi niñez, adolescencia y juventud y que posteriormente se convirtió en la nana de mi hija. Mi acompañante no sabía leer y, cuando quise traducirle, a ella no le importó porque estaba muy atenta a la gran pantalla y su imaginación era grande. Fue cuando me preocupé en que aprendiera a leer porque yo deseaba ver más películas y seguramente ella sería mi dama de compañía. Después, mi madre optó por mandarme sola al cine. Punto que le agradezco porque a la fecha yo disfruto estar sola en el cine…y en muchos lados.

Sobre esta película me enteré por medio del periódico Novedades que compraba mi padre. Desde ese entonces, adquirí la costumbre de empezar a leer la última página hasta llegar a la primera plana. Al escribir esto, sonrío. Qué locura de interpretación al leer las noticias. Ahora me carcajeo.

Saber de la película me emocionó y esperé meses para verla. Así que cuando llegó al puerto, yo derramaba felicidad. Y después de un siglo me entero que la película decepcionó en taquilla, aun así, no dejaré de reconocer que con Melody aprendí que no hay edad para amar. Que yo me creía Tracy Hardy, que me enamoré de Mark Lester y que fue maravilloso conocer la música de los Bee Gees que durante mucho tiempo fueron parte de mi camino.

Creo que sigo siendo esa Melody que ve la lluvia por la ventana, que no peina su cabello y  ve millones de señales.






lunes, febrero 29, 2016

Alejandro

Mientras saboreaba un café en La Parroquia 200, observaba a la gente. Siempre me ha gustado mirar rostros e inventar historias. El lugar estaba casi lleno. Todos absortos entre sus pláticas. Mientras seguía mirando, vi que en la parte de afuera estaba Alejandro González Iñárritu con su María Eladia e hijos. Ellos convivían entre familia. Seguí mirando y, de repente, Alejandro se levantó de la mesa y atravesó el restaurante hacia los baños. Mirar su caminar, su color de piel, su cabello y su altura, provocó que yo no saliera corriendo para abordarlo y pedirle un autógrafo o una foto. No. Me quedé sentada mirando todo. Yo no vi que nadie volteara a verlo o lo abordara. Todos estaban involucrados en sus charlas. No sé si no lo reconocieron o simplemente no quisieron molestarlo. Pero Alejandro no es un hombre que pase desapercibido. Lo vi volver hacia su mesa y yo sentí que todas las mariposas estallaban en mi estómago. La misma sensación al salir del cine después de ver una de sus películas. Estuve a punto de pararme, alcanzarlo y decirle lo que me provocan sus historias. Supongo que a cualquier director de cine le gustaría saber lo que piensan sus espectadores. Pero mi instinto me detuvo y seguí sentada contemplándolo. Mi memoria fotografió toda la escena para que se llegara el día de contar esta historia que no recuerdo exactamente si sucedió hace dos o tres años.